Visión martiana sobre el verdadero modelo educativo para Latinoamérica
Visión martiana sobre el verdadero modelo educativo para Latinoamérica

Introducción

En la segunda mitad el siglo xix, el afán de revolución intelectual para los pueblos latinoamericanos tomó cauce en uno de los hombres más trascendentales para las letras de todos los tiempos: José Martí; quien puso su empeño en el caro objetivo de desarrollo cultural que precisaba la América hispana - en vínculo, sobre todo, con sus empresas de carácter periodístico (revistas y diarios) - y que hoy día manifiesta un gran alcance.

Múltiples han sido los estudios sobre la praxis martiana como patriota, intelectual y por su elevado pensamiento; pero todos ellos evidencian un elemento común del cual se ha apropiado el Sistema de Educación latinoamericano: su calidad humana, dirigida en este sentido a la instrucción y educación del hombre desde temprana edad y al interés de diseñar e implementar un nuevo modelo de educación popular.

Un acercamiento a la obra seleccionada y prologada por Cintio Vitier: Martí en la Universidad[1], a la revisión de los textos martianos originales: sus Obras completas y Epistolario de José Martí, compilado por Luis G. Pascual y Enrique H. Moreno Plá[2], e incluso al texto Política y Sociedad Contemporáneas. Un acercamiento a los dilemas políticos de la educación superior, por Emilio Duarte Díaz y Dolores Vilá Blanco[3], permiten corroborar cómo los cambios en la Educación Superior en Latinoamérica deben considerar, en gran medida, la visión de José Martí en este campo.

No es propósito presentar aquí a un José Martí volcado al ejercicio pleno de la Pedagogía – profesión que no asumió de forma directa –, pero sí es propósito evidenciar cuál ha sido el pensamiento martiano en la concepción de la nueva Universidad y en la formación integral del hombre latinoamericano, y cómo estas premisas pueden ser asumidas en la actualidad para la obtención de profesionales competentes y aptos para garantizar el desarrollo del país.

Finalmente, indicamos que el sistema de citas y referencias con que se ha trabajado es el sistema autor-fecha, según la norma APA, en función del cual se ha organizado una bibliografía con asientos cronológicos dentro de cada autor.

Desarrollo

El desempeño intelectual martiano en el siglo xix estuvo determinado por la publicación de textos literarios y periodísticos, y la producción de conocimientos que tenían como objetivo central el desarrollo cultural de los pueblos latinoamericanos. En carta a Manuel Mercado, fechada en Nueva York, el 3 de agosto de 1882, José Martí expone: «A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo […]»[4].

Esta breve cita de José Martí posee gran significación para su momento histórico, pues la América hispana necesitaba de sensibilizar y comprometer a sus habitantes en el reconocimiento y defensa de la identidad autóctona – lejos de la mímesis de los modelos europeos –, así como de la transmisión de los ideales patrios. No bastaba solo con el convencimiento o tomar las arma, había que educar al hombre latinoamericano desde su niñez y para ello la publicación de textos sería una estrategia esencial.

Asimismo, la cita mantiene vigencia en momentos en que Latinoamérica traza alternativas viables para defender la pluriculturalidad, el pensamiento descolonizador y sostener el respeto a la humanidad; bien desde procesos docente-educativos como acciones culturales de impacto social (ferias del libro, festivales de cine, exposiciones de arte, etc.) y no por hegemonía.

Durante el siglo xix las publicaciones infantiles en América eran muy escasas, aun cuando se recibían obras de gran calidad literaria escritas por los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen o por la editorial Saturnino Calleja en España, con sus «Cuentos de Calleja» que incluía la colaboración de destacados ilustradores de la época. Sin embargo, en América sobresalieron dos obras que promocionaron la literatura para niños con carácter didáctico: El libro de la infancia del venezolano Amenodoro Urdaneta (1865) y la revista La Edad de Oro del cubano José Martí (1889); esta última más conocida y analizada por investigadores y la crítica.

En el caso específico de La Edad de Oro (publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América, en la cual se potencia el didactismo y se hace evidente la capacidad para materializar su «tentativa de editor»), la revista despierta en los infantes – los padres y madres del mañana, de hoy – el interés por el conocimiento y el placer por la lectura; a la vez que forma en ellos su personalidad como un ser social y moral.

José Martí deseaba crear en los lectores infantiles y en el público adulto – quien facilitaba la adquisición del material – modos de mirar, de pensar y de actuar. Por ello puso su empeño en una adecuada selección de textos a publicarse por esta empresa editorial, con énfasis en la variedad de temas, estilos y traducciones (de Laboulaye, Emerson o Samuel Smiles); además de la inclusión de finas imágenes (viñetas, retratos, grabado y dibujos de Adrien Marie, Edward Magnus o Luis de Becchi) como lenguaje visual. En nota promocional a la revista, antes de que fuera una realidad palpable, Martí expresó:

Cada número contendrá, en lectura que interese como un cuento, artículos que sean verdaderos resúmenes de ciencias, industrias, artes, historia y literatura; junto con artículos de viajes, biografías, descripciones de juegos y de costumbres, fábulas y versos. Los temas escogidos serán siempre tales que, por mucha doctrina que lleven en sí, no parezca que la llevan, ni alarmen al lector de pocos años con el título científico ni con el lenguaje aparatoso[5].

Como se ha evidenciado, el término «criar» para Martí se refiere, esencialmente, al proceso de instruir y educar: dos pilares básicos para la formación integral del ser humano, que mantienen cualidades intrínsecas, diferentes y correlativas. «Instrucción no es lo mismo que educación: aquélla se refiere al pensamiento, y ésta principalmente a los sentimientos. Sin embargo, no hay buena educación sin instrucción […]»[6]. Premisa de la que hoy día se apropia el Sistema Educacional latinoamericano para fortalecer la enseñanza y el aprendizaje tanto en escuelas como en universidades.

Si bien La Edad de Oro fue una publicación dirigida a los niños, a Martí también le interesó la formación intelectual de los jóvenes, como grupo humano reconocido por la Psicología y la Sociología. El proceso educativo no debía corresponder solo a la familia, sino también a centros de educación comprometidos con su labor. En un texto publicado en el periódico La América, de Nueva York, noviembre de 1883, manifiesta: «Al mundo nuevo corresponde la Universidad nueva»[7].

Las publicaciones de textos contribuirían, entonces, de forma perspicaz a lograr esa unidad sistémica pero a la inversa: para una nueva Universidad hay que cultivar hombres nuevos, de quienes la sociedad se sentirá orgullosa y será feliz de sacar provecho de él, tanto en lo económico, político, social; como en la defensa de lo identitario y del Estado en sí. «El pueblo más feliz es el que mejor tenga educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos […]»[8].

A su vez, el pensamiento martiano sobre la «nueva Universidad» concibe otro aspecto esencial para la educación moderna latinoamericana: vincular el estudio y el trabajo, donde se observe una implementación factible de los programas de enseñanza que respondan a las necesidades de la sociedad; así como la correlación entre el espíritu literario de la educación con el espíritu científico.

[…] no habrá para pueblo alguno crecimiento verdadero, no felicidad para los hombres, hasta que enseñanza elemental sea científica: hasta que se enseñe al niño el manejo de los elementos de la tierra de que ha de nutrirse cuando hombre […][9].

Edúquese en el hábito de la investigación, en el roce de los hombres y en el ejercicio constante de la palabra […][10].

Y no está la reforma completa en añadir cursos aislados de enseñanza científica a las universidades literarias; sino en crear universidades científicas, sin derribar por eso jamás las literarias […][11].

A esto hay que agregarle también el interés por emplear con corrección la lengua materna, tanto en el plano gramatical, ortográfico, ortológico como semántico. Acerca del uso de la escritura castellana, Martí reconoce que todo vocablo que no pertenezca a nuestro idioma – indigenismos, anglicismo o galicismos – debe consignarse en bastardilla o cursiva para respetar la redacción por medio del uso del destaque tipográfico; como bien se ilustra en su folleto Guatemala, editado en México en 1878. Nótese como esta competencia lingüística en Martí es un praxis reglamentada, hoy día, por la Real Academia Española.

Alquilan las familias las casas vecinas. Sobre sufrida estera de petate, apuestos galanes y ricas damas comen el pipián suculento; el ecléctico fiambre; el picadísimo chojín. Pican allí los chiles mexicanos, y la humilde cerveza se codea con excelentes vinos graves. Hace de postres un rosario, cuyas cuentas de pintada paja encubren delicada rapadura […][12].

Para lograr el funcionamiento certero del proceso de enseñanza universitaria, se necesita hoy día la revisión, adecuación y actualización de los programas de estudios; pero también la actuación ética y competente del profesor. Bien lo reconoció Martí como una deficiencia que se manifestaba en su época: «Y lo que falta no es ansia de aprender en los discípulos: lo que falta es un cuerpo de maestros capaces de enseñar los elementos siquiera de ciencias indispensables en este mundo nuevo»[13]. Además, señala que «[…] el profesor no ha de ser un molde donde los alumnos echen la inteligencia y el carácter […] sino un guía honrado, que enseña de buena fe lo que hay que ver y explica su pro [sic] lo mismo que el de sus enemigos, para que se le fortalezca su carácter de hombre al alumno […]»[14].

Uno de los más afamados estudiosos y críticos de la literatura martiana es el intelectual cubano Cintio Vitier, quien – sobre la base de las ideas antes manifiestas – confeccionó y puso en manos del estudiante universitario en Cuba y de la población, en general, la obra Martí en la Universidad[15]: el cuarto ejemplar de una secuencias de Cuadernos Martianos, destinados a la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria o politécnica como un todo orgánico.

Como si fuesen planificados en una secuencia lógica, in crescendo, los dos primero tomos de los Cuadernos Martianos centran su atención en la revista La Edad de Oro; mientras que el tercero lo hace al ensayo filosófico y político Nuestra América (publicado en la Revista Ilustrada, de Nueva York, el 1 de enero 1891, y que deviene llamado de unidad para los pueblos latinoamericanos en defensa de lo autóctono y como resistencia al neoimperialismo estadounidense con su afán de dominación mundial).

Con la cuarta entrega, Martí en la Universidad, se eleva esa enérgica tradición del saber como servicio, que en Martí fuera legado por el presbítero José Agustín Caballero en el Seminario de San Carlos, a su vez enriquecida filosófica, moral y políticamente por el padre Félix Varela y trocada en «evangelio vivo» por José de la Luz y Caballero: tres grandes intelectuales y pedagogos de la Cuba colonial. Esto implicaría un proyecto de modernidad basado en el progreso humano y la justicia social.

Cintio Vitier, quien selecciona lo más significativo del pensamiento de José Martí, concibe el corpus de la obra en diez partes esenciales para el análisis: Pensamiento Político y Social; Pensamiento Filosófico; Pensamiento Religioso; Pensamiento Literario. Crítica; Arte; Ciencia y Técnica; Educación; Pensamiento Económico; Periodismo; Diario de Montecristi a Cabo Haitiano; Política de Guerra y Cartas. El interés marcado en Vitier sostendría la premisa martiana de revolución intelectual para los pueblos latinoamericanos – y también del mundo entero – a través de la implementación de las Cátedras Martianas o del estudio filológico de las obras de José Martí en escuelas y universidades.

El investigador martiano Cintio Vitier no desestimó la concepción – de la cual Martí también hizo evidente en sus empresas de carácter editorial – de que al seleccionar era necesario ordenar los textos de manera práctica y, en casi todas las ocasiones, redactar esos textos complementarios que suelen denominarse notas, prólogos, advertencias…; es decir, paratextos.

En «A los estudiantes universitarios» dice: «La selección que presentamos […] intenta ofrecer una imagen del universo intelectual martiano, de su humanismo que no es solo el de las clásicas “humanidades” sino también el de las disciplinas científicas y sus aplicaciones tecnológicas, a las que prestó una atención igualmente apasionad»[16]. En este sentido, la enseñanza universitaria, que pertenece a la Cuarta Revolución Educacional (la que se impone en los momentos actuales del siglo xxi frente a los cambios socioeconómicos y culturales a escala global), expone en sus especializaciones el interés por la formación integral, por alcanzar un proceso de enseñanza-aprendizaje elevado que le permita al hombre aprender de lo diverso y fortalecer su capacidad de sensibilidad y conciencia, que sea flexible la organización del tiempo y las formas de adquisición del conocimiento (presencial en el aula, semipresencial y a distancia por la modalidad en línea). Una vez más, se refleja la vigencia de la educación cultural martiana.

Este cuarto ejemplar demuestra que seleccionar exige no solo del complemento presentar, sino también del complemento concluir. En «Recomendaciones finales» se amplía el interés de los estudiantes hacia otros textos vinculados con la figura martiana y a los tópicos analizados por Martí. Cintio Vitier insiste en la formación general, en la pasión por el conocimiento y en la realización de investigaciones que enriquezcan los estudios sobre José Martí, bajo la certera guía de los profesores.

[…] recomendamos especialmente a los estudiantes de literatura los trabajos de Juan Marinello, Manuel Pedro González e Iván A. Schulmann en torno al papel de Martí como iniciador del modernismo hispanoamericano; a los estudiantes de tecnologías y ciencias sus artículos sobre estas materias en la revista La América, de Nueva York[17] [sic], así como el estudio de Josefina Toledo La ciencia y la técnica en José Martí (1995); y a los estudiantes de economía los libros de Rafael Almanza En torno al pensamiento económico de José Martí (1989) y de Graciella Chailloux Estrategia y pensamiento económico de José Martí frente al imperialismo norteamericano (1989)[18].

En el tópico número siete, bajo el título «Educación», se evidencia la trascendencia del pensamiento martiano de y en Revolución. Ahora bien, entiéndase que cuando nos referimos a la expresión «de Revolución» es por el significado de la concepción de José Martí en el proyecto de superación cultural de la América; mientras que cuando lo hacemos con «en Revolución» es teniendo en cuenta la vigencia del ideario martiano en cada uno de las transformaciones ocurridas – en el caso específico del país de origen de Martí y Vitier – дde la Revolución Cubana, de la cual se ha nutrido la Educación Superior contemporánea.

Por tanto, Cintio Vitier respeta y amplifica la concepción martiana del «hombre nuevo» y la «nueva Universidad» con la publicación de este cuarto ejemplar, que no es una socialización más del pensamiento de Martí; sino que es una adecuación a los intereses del estudiante actual y una alternativa de enseñanza válida para cualquier región del mundo.

Martí reconocía como incorrecto el hecho que el proceso docente no se ajustara con su momento histórico, pues cada cambio debía estar fortalecido por la realidad del contexto, la época…; pues de ahí nacería la concepción de la «enseñanza nueva»: «Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela de primeras letras y acabe en una Universidad brillante, útil, en acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que se enseña: una Universidad, que sea para los hombres de ahora […]»[19].

Conclusiones

Un acercamiento al pensamiento martiano, sobre la base del modelo de educación popular al que aspiraba para los pueblos latinoamericanos, además del análisis al texto Martí en la Universidad, cuarto ejemplar de un todo orgánico elaborado por Cintio Vitier, ha permitido arribar a las siguientes generalizaciones:

Primero, la educación de los pueblos debe comenzarse desde la niñez, en vínculo estrecho entre la familia y la escuela; para ello, una herramienta efectiva para enriquecer el conocimiento, deleitar y formar la personalidad es la lectura de buenas obras literarias, científicas o periodísticas. Sin olvidar la actuación ética de padres y maestros en este proceso.

En segundo lugar, los cambios pertinentes para fortalecer el proceso de enseñanza universitaria deben corresponderse con las condiciones socio-históricas del país y, a su vez, con estrategias efectivas en la formación integral del estudiantado. No basta con que el universitario sea eficiente en su especialización o plan de estudio, es necesario que se vinculen las humanidades con la ciencia, la técnica y el trabajo productivo, y se tenga cuidado en el uso de la lengua materna, para potenciar la formación del «hombre nuevo».

Finalmente, para el proceso de enseñanza-aprendizaje es indispensable la existencia de un modelo que responda a las exigencias actuales de la educación latinoamericana, con la participación de medios, métodos, técnicas modernas y un colectivo de profesores capacitados y comprometidos para ejecutar la bella tarea de instruir y educar, bajo la égida del ideal martiano.



[1] Vitier, C. Martí en la Universidad. [Texto] / C. Vitier. - La Habana: Editorial Félix Varela, 1997.

[2] Martí J. (1993). Epistolario. (5 tomos). [Texto] / J. Martí. - La Habana: Ciencias Sociales.

[3] Moya, M. y Vidal, Y. Martí, editor. [Texto] / M. Moya, Y. Vidal. - La Habana: Letras Cubanas, 2008.

[4] Martí, J. Obras completas. (27 tomos). [Texto] / J. Martí. - La Habana: Editorial Nacional de Cuba, (1963-1966), t. 2, P. 117.

[5] Ibid., t. XVIII, P. 295.

[6] Ibid., t. XIX, P. 375.

[7] Ibid., t. VIII, P. 281.

[8] Ibid., t. XIX, P. 375.

[9] Ibid., t. IX, P. 446.

[10] Ibid., t. XIII, P. 188.

[11] Ibid., t. VIII, P. 282.

[12] Ibid., t. VII, P. 123.

[13] Ibid., t. VIII, P. 298.

[14] Ibid., t. XII, P. 348.

[15] Vitier, C. Martí en la Universidad…

[16] Ibid., P. 11.

[17] Martí, J. Obras completas…, t. 7, 8, 28.

[18] Vitier, C. Martí en la Universidad…, P. 391.

[19] Martí, J. Obras completas…, t. VIII, P. 299.



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