José Martí y la labor de tutoría desde su relación con Rafael María de Mendive y María Mantilla
José Martí y la labor de tutoría desde su relación con Rafael María de Mendive y María Mantilla

Introducción

Al hablar de la historia de la Pedagogía Cubana es imposible no tener en cuenta la obra de quien es considerado uno de los más ilustres maestros de la nación: nuestro José Martí. Sin duda la riqueza ideológica, espiritual y literaria de su obra constituye material obligado cuando de realizar labor educativa se trata, tanto en el ámbito de la clase como en otros espacios extracurriculares utilizados por los docentes en los diferentes roles que como parte del proceso formativo desempeñan. Entre ellos, el de tutores.

La tutoría en el proceso de formación de profesionales tiene su propia historia. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia con el término mentoría y su nacimiento se reconoce en la Universidad de Oxford, en la tercera década del siglo XX. Desde ese momento se observa su introducción por todo el mundo, desarrollándose actualmente en diversas Universidades de Europa, Estados Unidos y América Latina. 

Al realizar un análisis histórico de la labor tutorial, es imposible no hacer alusión a relaciones de tutoría entre encumbradas figuras como lo fueron Sócrates y Platón, Lorenzo de Medici y Miguel Ángel, Haydn y Beethoven, Freud y Jung y a cuya lista también añadiríamos el binomio Aristóteles - Alejandro Magno[1]. En este sentido es meritorio destacar en Cuba la relación tutorial establecida entre José Martí y Rafael María de Mendive, que tanta significación tuvo para la formación personológica de ambos miembros de ese binomio, así como también el vínculo establecido entre el apóstol y la pequeña María Mantilla, el cual y tal vez sin la plena conciencia en sus protagonistas, se convirtió en un genuino ejemplo de cómo educar mediante el proceso de tutoría.

El objetivo de este trabajo se orienta hacia el análisis de la tutoría en la vida de José Martí, valorando el papel que desempeñó este proceso en su formación y crecimiento personal. Para ello nos centramos en el estudio de dos momentos importantes en la vida del apóstol, que permiten vivenciarlo desde los dos roles fundamentales de la actividad tutorial: primero, el Martí adolescente tutorado por Rafael María de Mendive y segundo, el Martí adulto, el maestro, el tutor de María Mantilla, destacando el legado educativo resultante de la relación de ambos, presente explícitamente en las cartas escritas por el maestro a su niña querida, como él cariñosamente la llamara.

Sin dudas la entrañable riqueza ideológica, espiritual y literaria de la obra de José Martí no determina rangos de edades para su disfrute, pero de manera especial es recomendable la lectura de sus cartas a María Mantilla, a aquellos que gozan de la lozanía, el entusiasmo, la alegría y el fervor de los años mozos. Es a estos, sobre todos los grupos etáreos, a quien más le puede aportar en materia de enseñanzas y ejemplos. En función de lo anterior, se parte de realizar un breve abordaje teórico de algunas consideraciones necesarias sobre el proceso de tutoría, como una vía para integrar las influencias educativas que se mueven en torno al educando.

Desarrollo

Algunas consideraciones necesarias sobre el proceso de tutoría

La indagación científica sobre el origen del concepto de tutoría precisa acudir a la historia misma de la educación y de la humanidad en general. Son varios los autores que coindicen en este criterio: «La concepción de la labor de tutoría, y las acciones correspondientes a este proceso y su concreción en la figura del tutor han existido a lo largo de la historia en correspondencia al vínculo educación sociedad, lo que permite la comprensión de la unidad y la diversidad»[2].

El desarrollo histórico de la tutoría encuentra sus antecedentes en la labor educativa, que surgió desde la comunidad primitiva donde se desarrollaba en estrecha relación con la vida económica y la actividad laboral de los hombres. En esta etapa el niño se educaba e instruía en el proceso de su propia actividad vital, mediante su participación en los asuntos de los mayores[3]

La aparición de la propiedad privada, la esclavitud y la familia monogámica, comenzaron a dividir la sociedad primitiva y la labor educativa del grupo familiar devino en forma masiva de comunicación. Surgieron las clases sociales y la enseñanza de los incipientes conocimientos de carácter intelectual, se trasladó a instituciones especiales destinadas a los privilegiados, lo que se arraigó durante la sociedad esclavista, régimen en el que se construyeron escuelas en los países del antiguo Oriente (India, Asia Menor, Egipto), China, Roma y Grecia[4].

La necesidad y ejecución de la tutoría se remonta a los tiempos de personajes bíblicos como San Pablo, en el acompañamiento espiritual a Onésimo durante su confinamiento en la cárcel y las figuras de Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Pablo y Timoteo, en las que se reflejan vínculos que se pueden asumir como relaciones de tutoría o mentoría, entendiendo el mentor como tutor sabio y responsable. La mentoría tiene sus orígenes históricos en la figura del sabio anciano Mentor, quien estuvo a cargo de la educación de Telémaco, hijo de Ulises, cuando este salió hacia Troya. El término mentor se ha convertido en símbolo de maestro o consejero sabio y digno de confianza, sinónimo de tutor[5].

Algunos de los mentores, tutores y pedagogos griegos más notables de esta etapa histórica fueron Sócrates (469-369 a.n.e.), Platón (427-347 a.n.e.) y Aristóteles (384-322 a.n.e.), este último reconocido como el tutor de Alejandro de Macedonia[6]. Más adelante en el tiempo se destaca otro de los vínculos tutorales que trasciende lo cotidiano para convertirse en parte de la historia del continente americano: la especial relación entre Simón Rodríguez (1769-1854) y el prócer de América Simón Bolívar (1783-1830)[7]. Como resumen de esta primera etapa, se reconoce la presencia de pedagogos, mentores y tutores[8].

Durante la Edad Media la enseñanza tuvo un carácter eminentemente teológico y predominaron los tutores religiosos aunque se habla de la presencia de algunos laicos. El Renacimiento se caracterizó por el empleo de tutores y preceptores para los niños de las clases aristocráticas, lo que se incrementa con el desarrollo del capitalismo. Hasta este momento se puede concluir que el uso de la tutoría y la presencia de preceptores evolucionaron en el tiempo, con énfasis en su utilización por parte de las clases empoderadas[9].

En Cuba, al igual que a nivel internacional, los antecedentes de la tutoría se remontan al desarrollo de la labor educativa. Entre las figuras que más se destacaron en la labor educativa desde finales del Siglo XVIII hasta el Siglo XIX y en contra del formalismo y el dogmatismo de la escolástica, están José Agustín Caballero y Rodríguez (1762-1835), Félix Varela (1788-1853) y José de la Luz y Caballero (1800-1862)[10].

José Agustín Caballero fue el primer gran reformador de la filosofía y la educación en Cuba, maestro y guía de Félix Varela y de José de la Luz y Caballero. Félix Varela, filósofo y educador, veía en la formación integral del hombre más inteligente y menos vicioso, centrado en los valores éticos, el fin principal de la educación, por lo que el camino ideal era el de enseñarlo a pensar[11].  

Por su parte José de la Luz y Caballero resaltó en la importancia de la escuela, en calidad de institución social, como la vía idónea para garantizar la formación de las nuevas generaciones de cubanos y la necesidad de la educación a través de la instrucción: “Sólo cuando se cultiva, se moraliza e instruye a la vez, es cuando se cumple con los fines de su ministerio, porque cultivar las facultades todas, moralizar al individuo y transmitirle conocimientos: tales son los fines de la enseñanza, de la verdadera enseñanza”[12].

Las ideas de estos grandes maestros presbíteros constituyen sólidos pilares de la escuela pedagógica y la labor educativa cubana, a la vez que impulsaron a sus seguidores: “Estas nuevas generaciones, impulsadas por esta formación recibida en las escuelas, rebasaron el marco ideológico que les impusieron las limitaciones clasistas de algunos de sus maestros y salvaron la época”[13].

En la segunda mitad del Siglo XIX las manifestaciones educativas representadas por Rafael Morales González (Moralitos) y José Silverio Jorrín, constituyeron antecedentes ilustres de un pensamiento popular acabado, que se encumbró con el ideario educativo de José Martí Pérez, cuyo maestro y tutor, Rafael María de Mendive, también es un reconocido educador de esta etapa.  En el año 1884 se celebró el 1er Congreso Pedagógico Cubano donde se expuso con claridad el interés del maestro por adaptar las escuelas a los progresos de la moderna pedagogía. En algunas de sus conclusiones se explicitaron las contradicciones existentes en materia educativa entre el sentimiento hispánico y el cubano[14]

Figuras como Enrique José Varona (1849-1933), Manuel Valdés Rodríguez (1849-1914) y María Luisa Dolz y Arango (1854-1928), compartieron las ideas educativas positivistas con sus postulados originales y defendieron la máxima de que preparar el hombre para la vida a partir de su formación integral, constituye el fin de la educación[15]

Las ideas de José Martí (1853-1895) sobre la educación consolidaron el pensamiento pedagógico cubano más avanzado hasta este momento histórico. Martí abogó por una concepción educativa integradora y humanista, de manera que se propiciara la formación de un hombre nuevo: libre, integral, multifacético, crítico, con cualidades morales elevadas, con opiniones propias. Con agudeza, Martí concibió la educación como un fenómeno social integral, centrada en la necesidad de que el hombre llegara a comprender su época y a poseer el dinamismo y la creatividad necesarios para salir a flote en ella[16].

Durante la tercera década del siglo XX, se inició la actividad tutorial en el marco de instituciones universitarias. Su surgimiento se reconoce en la Universidad de Oxford. A partir de entonces se introduce en diferentes universidades como la de Minessotta, Chicago, Illinois, Ohio, Missouri, Michigan y Dakota del Norte[17].

El análisis de la evolución de la tutoría en los centros de educación superior permite observar que se asumió desde diferentes posturas y modelos. Estos incluyen diferentes clasificaciones, como la tutoría académica, cuyo modelo identifica el nacimiento de este proceso, la no académica o personal, la académica personalizada, la integral y la tutoría orientada al asesoramiento de trabajos de investigación a diferentes niveles[18].

En el proceso de formación de profesionales la tutoría se reconoce como uno de los indicadores de calidad de la gestión educativa. La presencia del servicio de tutoría posibilita una atención más integral al estudiante, de manera que se le pueda atender en otros aspectos además de lo académico como puede ser lo personal, lo investigativo o lo vocacional profesional.

La tutoría es definida como «un proceso integrador de las influencias educativas, ya que no sólo transcurre en la relación tutor-tutelado, sino que integra el sistema de relaciones esenciales que se establecen a partir de la asesoría académica e investigativa por parte del profesor y de otros especialistas, los servicios especializados de orientación educativa al estudiante, el proceso de extensión universitaria por el vínculo con el entorno sociofamiliar y  también a través de las múltiples manifestaciones de la cultura en cada territorio»[19].

Al mismo tiempo debe transcurrir como un proceso continuo y permanente a partir del vínculo que se establece entre el tutor y el estudiante, con una responsabilidad compartida por ambos, en la cual se materializa la función orientadora del rol de educador profesional y su apropiación de los referentes de la orientación educativa. La actividad tutorial debe garantizar una atención personalizada al estudiante en los aspectos académicos, personológicos, investigativos y en la orientación vocacional-profesional[20]

Como características de un tutor se plantea que este debe ser ante todo un educador responsable, abierto a la formación constante, con condiciones político-ideológicas de acuerdo con la concepción de educación que se desarrolla, condiciones morales en correspondencia con el ejemplo social que debe cumplir dentro y fuera de la institución universitaria. Esta autora refiere que el tutor debe poseer cualidades humanistas en su desempeño, así como potencialidades para mantener una comunicación abierta, clara, receptiva y asertiva en todos los momentos, sencillo, modesto durante toda la relación y receptivo a las sugerencias de los demás, incluidos los tutorados[21].

Al analizar estas ideas podemos señalar que constituyen cualidades inherentes a Martí, manifiestas en su profundo pensamiento pedagógico y visible además en diferentes momentos de su vida. Para ilustrar mejor lo que señalamos, a continuación analizaremos el papel esencial que jugó Rafael María de Mendive como tutor de José Martí, así como la labor tutorial realizada por nuestro Apóstol con María Mantilla.

Rafael María de Mendive: el tutor de José Martí

José Martí inició sus estudios primarios en el colegio San Anacleto, dirigido por Rafael Sixto Casado y más tarde matriculó en el colegio de San Pablo, bajo la dirección de Rafael María de Mendive, quien nació el 24 de octubre de 1821 y murió el 24 de noviembre de 1886. Rafael María de Mendive fue, durante sus años de profesor, protector y maestro de José Martí. En la institución educativa dirigida por Mendive, Martí ocupó a los 12 años el rol de estudiante pobre pero muy aventajado, que se desempeñara además como monitor y recadero[22].

Desde los inicios el pequeño Martí se robó el afecto paternal del gran maestro que siguiera el modelo de José de la Luz y Caballero para educar a los niños, con tierna severidad y suave firmeza. Esta exquisita combinación le permitió a Mendive esculpir acertadamente la auténtica personalidad de Pepe, con aquel temperamento reflexivo, impresionable y sensitivo que lo caracterizó desde los primeros años. Con sólo 13 años, Martí ya había leído casi la mitad de la biblioteca de su querido maestro y en ese afán de imitarlo porque para él constituía su ideal, trató de estar siempre cerca de sus actividades y reuniones intelectuales[23].

Mendive comprendió muy pronto la profunda inteligencia y el elevado espíritu de sacrificio de Martí, quien para contribuir a la difícil situación económica de su familia, tenía que alternar sus tareas docentes con trabajos en una bodega[24]. Recompensando al querido discípulo que no lo defraudaría más tarde con la obtención de excelentes calificaciones, Mendive solicitó para Martí en agosto de 1866, examen de admisión en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.

Sin dudas el nacimiento de una conciencia política en José Martí resultó en gran medida de su estrecho vínculo con Mendive y la asimilación de sus ideas patrióticas. Por aquellos años la casa de Mendive era centro de reuniones literarias y fervor patriótico. En 1864 ocupó la dirección de la Escuela Superior Municipal de Varones, y más tarde, en 1868, fundó el colegio San Pablo, instalado en su propia casa, en Prado 88, que constituyó, para todos sus discípulos, un seminario cívico donde encontró calor de hogar.

Mendive se convertiría en un segundo padre para Martí, el padre espiritual, el tutor que satisfacía en gran medida, las necesidades afectivas carentes en el vínculo paterno, producto de las diferencias entre Don Mariano y Martí: «Don Mariano vela por la pulcritud material de Pepe; por la limpieza y elegancia de su espíritu, Mendive»[25].

Los conceptos fundamentales de la prédica martiana: amor a la libertad, decoro, dignidad, prestigio, justicia, preocupación por los humildes, pureza de pensamiento, eran virtudes atesoradas por Mendive, las cuales supo transmitir a su discípulo.

Sobre él escribió Martí en carta a Enrique Trujillo: «Y ¿cómo quiere que en algunas líneas diga todo lo bueno y nuevo que pudiera yo decir de aquel enamorado de la belleza, que la quería en las letras como en las cosas de la vida, y no escribió jamás sino sobre verdades de su corazón o sobre penas de la Patria?»[26].

En resumen, se puede señalar que Mendive ejerció una auténtica labor de tutoría con José Martí, acompañándolo espiritualmente, orientándolo en los aspectos académicos, estimulando el desarrollo de su precoz inteligencia. Entre Martí y su maestro, su tutor, se estableció un verdadero vínculo afectivo, empático, surgiendo una mutua admiración y profundo respeto, que sin dudas contribuyó en buena medida la formación de la inigualable personalidad de José Martí.

José Martí: el tutor de María Mantilla

María Mantilla fue la hija más pequeña de Carmen Millares, dueña de la casa de huéspedes donde permaneció Martí en los tiempos de su estancia en Nueva York. La pequeña María se convirtió sin dudas, en el motivo de satisfacción de las necesidades afectivas de Martí, quien ya sufría amargamente la separación de su esposa e hijos, producto de su consagración total a la lucha revolucionaria. En ella depositó el apóstol toda su ternura y hasta diríamos su amor paternal. Estas ideas constituyen razones suficientes para conferir especial significación a las cartas del maestro a su María, a lo que debemos sumar su calidad de escritor inigualable y su valor educativo.

Es casi insospechada la sabiduría que puede encontrar un joven cubano o de otro lugar del planeta en estos textos, que como fuentes inagotables, nos acercan a un hombre de una grandeza de espíritu sin límites y que fueron escritos desde muy diversas circunstancias, entre ellas, la marcha hacia la guerra necesaria, que él sabiamente preparó, en la cual entregó tempranamente la vida a su patria.

Podemos afirmar que las cartas son consideradas verdaderas fuentes de sabiduría y en cada uno de sus renglones encontramos un mensaje alentador, científico y educativo, muestra de la forma peculiar en que Martí educó en un legítimo proceso de tutoría a la pequeña María. Esto puede considerarse un faro para las nuevas generaciones, sobre todo en la etapa de la juventud, puesto que son los jóvenes quienes han alcanzado determinada madurez de pensamiento para poder captar, comprender y utilizar en las diferentes situaciones de su vida, las enseñanzas del maestro. 

Si valoramos por ejemplo la escrita el 2 de febrero de 1895, veremos que en ella Martí trasmite a su querida niña, como el mismo la nombra, el espíritu de lucha, de seguir adelante pese a todo, de enfrentar la vida sin temores y aceptar el sufrimiento, como uno de los muchos obstáculos a vencer sin pesimismo ni tibieza. Desde el punto de vista psicológico el apóstol, con inigualable maestría y tacto, es capaz de proyectar confianza, optimismo y seguridad ante las tristezas del hombre, manejando siempre la idea del crecimiento personal que resulta cuando somos capaces de vivir sin miedos y valorar los conflictos como motores impulsores para desarrollar nuestras potencialidades humanas, obra que solamente un verdadero maestro, un tutor comprometido con su tarea de educar puede lograr.

En uno de sus fragmentos señala: «No tengas miedo de sufrir. Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura. Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita y niña siempre, - que es lo que dicen los chinos que sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño. Y mira a una mujer egoísta, que, aún de joven es vieja y fea. Ni a las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo...»[27].

Estas profundas ideas nos hacen reflexionar en la importancia que tiene el ser buenos y conservar la pureza espiritual de los más pequeños, para mantenernos jóvenes y para ser felices, llenarnos el alma de bondad y generosidad, valores realmente mágicos, nos ayuda a alcanzar mayor lozanía, a sentirnos libres y, por tanto, vivir más y a plenitud y conservar nuestra salud, garantizando de este modo el bienestar psicológico y somático. Y esto lo reafirma cuando luego expresa. «...Quiere y sirve mi María- así te querrán y te querré...»[28]. Este mensaje habla de la importancia de dar para recibir, la fórmula del amor.

 En otra de sus cartas señala «... pero lo admirable aquí es el pudor de las mujeres, no como allá, que permiten a los hombres un trato demasiado cercano y feo. Esta es otra vida, María querida. Y hablan con sus amigos con toda la libertad necesaria; pero a distancia, como debe estar el gusano de la flor. Es muy hermoso aquí el decoro de las mujeres. Cada una, por su decoro, parece una princesa...»[29]. Es obvio que Martí sentía un enorme respeto hacia la mujer y entendía la necesidad de liberación que tenían estas para poder realizarse como personas.

En estos fragmentos hace alusión a valores universales como la libertad y el decoro, haciendo énfasis en la importancia de respetarnos para ser respetados y dignos, lo cual no debe pasar desapercibido cuando hablamos de educar a los jóvenes, en tanto la dignidad plena del hombre constituye uno de los valores que fortalece la concepción del mundo. Martí hace un llamado a la mujer a preparase en todos los sentidos, en todas las esferas, a cultivarse integralmente, para ocupar el espacio que se merece en la sociedad y ser respetada desde cada posición que le corresponda asumir «... Las tres hijas cantan, y una con voz muy pura y fina… Me han puesto la mesa llena de rosas y nardos: me ha hecho cada una con sus manos un plato finísimo, de comida o de dulce: cada una me ha preparado una sorpresa. Aquí todas las niñas saben hacer platos finos...»[30].

 En otra de las misivas valora la importancia de cultivar los buenos sentimientos, la inteligencia y los valores morales, lo que nos hace más grandes y valiosos que todo el dinero del mundo «...La elegancia del vestido, -la grande y verdadera, -está en la altivez y fortaleza del alma. Un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia, y mas poderío a la mujer, que las modas más ricas de las tiendas. Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz. Procurará mostrarse alegre, y agradable a los ojos, porque es deber humano causar placer en vez de pena, y quien conoce la belleza la respeta y cuida en los demás y en sí...»[31].

Sin dudas estas palabras de Martí encierran mucha enseñanza para nuestros jóvenes. Los insta a ser más humildes y honestos, a construirse un mundo interior puro y limpio, para ganarse el respeto sin tener que demandarlo, sino que emane de su propia personalidad y se refleje en su conducta.

Conclusiones

Rafael María de Mendive desempeñó un papel esencial en la vida de José Martí como tutor, preceptor y maestro. Sin dudas el nacimiento de una conciencia política en José Martí y la formación de su personalidad en sentido general, resultó en gran medida de su estrecho vínculo con Mendive y la asimilación de sus ideas patrióticas.

Así mismo, el apóstol realizó una especial labor de tutoría con María Mantilla. Es incuestionable que junto a todo el afecto dedicado por Martí a la niña que el quiso como verdadera hija, aparecen los destellos de la universalidad y la permanencia que hacen de su obra un tesoro inagotable, que conserva hasta nuestros días una edificante vigencia. Una muestra de ello lo constituyen las cartas a María Mantilla, en las que sus lecciones de humanidad poseen una indudable fuerza guiadora y constituyen todo un sabio legado para la juventud cubana y del mundo.



[1] Paz, L. La tutoría en la educación superior: una relación de equidad en la formación profesional [Texto] / L. Paz. - Guatemala: Universidad Pedagógica Nacional, 2006.

[2] Ponce, Z. E. El desempeño profesional pedagógico del tutor del docente en formación en la escuela primaria como microuniversidad [Texto] / Z. E. Ponce. Tesis de doctorado. - Matanzas: Instituto Superior Pedagógico Juan Marinello, 2005. P.16.

[3] Konstantinov, N. Historia de la Pedagogía [Texto] / N. Konstantinov. - La Habana: Pueblo y Educación, 1974.

[4] Lorenzo, Y. Estrategia de superación para los profesores tutores del Curso Regular Diurno de Estudios Socioculturales en la Universidad de Ciego de Ávila [Texto] / Y. Lorenzo. Tesis de maestría. - Ciego de Ávila: Universidad de Ciego de Ávila, 2008.

[5] Collazo, B. Modelo de tutoría integral para la continuidad de estudios universitarios en las sedes municipales [Texto] / B. Collazo. Tesis de doctorado. - Ciudad de la Habana: Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, 2006; Ponce, Z. E. El desempeño profesional pedagógico...

[6] Konstantinov, N. Historia …

[7] Ponce, Z. E. El desempeño profesional pedagógico…

[8] Collazo, B. Modelo de tutoría integral…

[9] Ibidem.

[10] Chávez, J. A. Bosquejo histórico de las ideas educativas en Cuba [Texto] / J. A. Chávez. - La Habana: Pueblo y Educación, 1996.

[11] Ibidem.

[12] Ibid., P.30.

[13] Ibid., P. 33.

[14] Chávez, J. A. Bosquejo histórico…

[15] Ibidem.

[16] Ibidem.

[17] Universidad Nacional Autónoma de México. La Tutoría. Una Estrategia para mejorar la Calidad de la Educación Superior [Texto] / UNAM, 2005 // Disponible en:  http://virtual.cucs.udg.mx/tutorias/abc/LA%20TUTOR%CDA%20ESTRATEGIAparamejoracalidad.doc (Consultado el 25 de mayo 2016).

[18] Collazo, B. Modelo de tutoría integral…

[19] Ministerio de Educación Superior. El Tutor en las Sedes Universitarias Municipales [Texto] / MES. - La Habana: Félix Varela, 2005. P. 4.

[20] Collazo, B. Modelo de tutoría integral…

[21] Ibidem.

[22] Mañach, J. Martí el apóstol [Texto] / J. Mañach. - La Habana: Ciencias Sociales, 2001.

[23] Ibidem.

[24] Ibidem.

[25] Ibid., P. 13. 

[26] Ibid., P. 15. 

[27] Instituto Cubano del Libro. Cartas a María Mantilla [Texto] / ICL. - Ciudad de la Habana: Editorial Gente Nueva, 1982. P. 10.

[28] Ibid., P. 12. 

[29] Ibid., P. 13. 

[30] Ibid., P. 15. 

[31] Ibid., P. 16. 



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